No bastaba con decirse que la primavera daba paso al verano y que en esa época ya no serían necesarios. Abril estaba siendo tan impredecible como siempre, y aunque por lo general mayo era agradable en Cornualles, junio podía ser una pesadilla climática. Así que decidió en aquel momento que tenía que comprar unos limpiaparabrisas nuevos y pensó dónde. Agradeció aquella distracción mental. Le permitía eliminar de su cabeza toda consideración respecto al hecho de que, al final de su viaje hacia el sur, no sentía nada. Ni consternación, ni confusión, ni ira, ni rencor, ni compasión ni una pizca de pena.

La parte de la pena no le preocupaba. Sinceramente, ¿quién podía esperar que la sintiera? Pero el resto… Haber sido desposeída de cualquier emoción posible en una situación que exigía un mínimo de sentimiento… Eso sí la inquietaba. En parte le recordaba lo que había oído tantas veces a tantos amantes. En parte, indicaba regresar a un lugar que creía haber dejado atrás.

Así que el movimiento nimio de los limpiaparabrisas y la huella que dejaban a su paso la distraían. Intentó pensar en proveedores potenciales de piezas de coches: ¿En Casvelyn? Seguramente. ¿Alsperyl? No lo creía. Tal vez tendría que desplazarse hasta Launceton.

Se aproximó cautelosamente a la cabaña. El camino era estrecho y, si bien no esperaba toparse con otro coche, siempre existía la posibilidad de que alguien que visitara la cala y su pequeña franja de playa saliera como un bólido, dispuesto a marcharse a toda velocidad y dando por sentado que no habría nadie más por allí con este mal tiempo.

A su derecha, se levantaba una ladera donde las aulagas y las centauras amarillas formaban un manto enredado. A su derecha se abría el valle de Polcare, un enorme prado verde dividido por un arroyo que bajaba desde Stowe Wood, en un terreno más elevado. Este lugar era distinto a las cañadas tradicionales de Cornualles y por eso lo había elegido. Un giro de la geología convertía el valle en un espacio ancho, como formado por un glaciar -aunque sabía que no podía ser el caso-, en lugar de ser un cañón y estar delimitado por el agua de un río que transportaba piedras implacables desde hacía milenios. Por eso nunca se sentía aprisionada en Polcare Cove. Su cabaña era pequeña, pero el entorno era amplio, y un espacio abierto era fundamental para su serenidad.



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