
– ¿Quiénes? ¿Ellos o nosotros? -preguntó Simon-. Para un laboratorio criminológico municipal, es prácticamente imposible. Pero con nuestro laboratorio, no hay forcejeo político sobre horas extra, ni sobre presupuesto ni sobre prioridad de casos. Podemos analizar una muestra de ADN en cinco minutos, pero…
Los auriculares de Gloria hicieron dos bips: una llamada entrante en la línea de emergencia. Levantó un dedo en dirección a Simon y giró en su silla. Aun antes de que se conectara la llamada, la pantalla de su ordenador comenzó a llenarse de datos a medida que el identificador se ponía en funcionamiento. Por encima del hombro echó una mirada y vio cómo el plano de Miami era reemplazado por el de otra ciudad: Atlanta.
Gloria alargó la mano con la intención de presionar el botón y llamar a Erin, que estaba almorzando, pero Simon se le adelantó, cogió los auriculares de Erin y se los puso.
La línea hizo clic.
– Servicios de emergencia Cortez -dijo Gloria.
Se oyó una voz femenina, aguda y entrecortada por el pánico.
– Socorro…, parque…, hombre.
Gloria intentaba calmar a quien llamaba asegurándole que el socorro ya estaba de camino. Casi no podía entender una palabra de lo que decía la persona que llamaba, pero no importaba. Las computadoras ya habían localizado el lugar, una llamada desde un teléfono público en un parque de Atlanta. La Camarilla tenía una oficina en Atlanta, lo cual significaba que tenía también allí un equipo de emergencias, y la computadora lo despachaba automáticamente en el momento mismo en que localizaba el origen de la llamada. La misión de Gloria consistía en tranquilizar a quien llamaba hasta que llegase el equipo.
– ¿Puedes decirme cómo te llamas, cariño?
– D… na M… ur.
Los sollozos interrumpían las palabras, tornándolas ininteligibles. Gloria miró su monitor. El ordenador analizaba la voz, buscando su correspondencia con las de los registros de empleados y familiares de la Camarilla. Apareció una lista de varias docenas de nombres. Luego el ordenador la descompuso por género, edad estimada y lugar de la llamada. Devolvió una lista de cinco nombres. Gloria se concentró en el primero, el que la computadora proponía como más probable.
