Lucas frunció el ceño y supe que había captado mi lapsus.

– Aseguró que nos interesaría a los dos. Pero en realidad se refería a que podría interesarte a ti. Utilizó el plural sólo para suscitar mi curiosidad. Ya sabes: si logras intrigar a la nueva novia, ella insistirá hasta que él diga «Sí».

– ¿Qué fue lo que dijo?

Le conté la historia de Benicio. Cuando terminé, Lucas cerró los ojos y movió la cabeza a un lado y a otro.

– No puedo creer que haya… Mentira, quelo creo. Tendría que haberte prevenido.

Lucas hizo una pausa y luego me llevó de vuelta a la cocina.

– Lo siento mucho -dijo-. Estos últimos meses no han sido fáciles para ti, y no quiero que te veas afectada por esta parte de mi vida, al menos no más de lo necesario. Sé que yo soy la razón de que no encuentres brujas que se unan a tu Aquelarre.

– Eso no tiene nada que ver. Soy joven y no me he probado a mí misma…, bueno, aparte de probar que pueden echarme de un Aquelarre. Pero sea lo que sea lo que las obsesione, no tiene nada que ver contigo.

Él mostró una sonrisa pequeña y tenue.

– Sigues sin saber mentir.

– Bueno, no importa. Si ellas no quieren… -Sacudí la cabeza-. ¿Pero por qué estamos hablando de mí, si puede saberse? Tienes una llamada que hacer. Seguro que tu padre ya se ha convencido de que no voy a darte su recado, así que no dejaré de acosarte hasta que lo llames.

Lucas sacó su teléfono pero lo único que hizo fue contemplarlo. Tras unos instantes, me miró.

– ¿Tienes algún proyecto importante que hacer esta semana? -preguntó.

– Todo lo que debería estar terminado para finales de esta semana tendría que haberlo estado la semana anterior. Con Savannah aquí, no puedo permitir que se me echen encima los plazos, porque cualquier emergencia podría dejarme sin trabajo.

– Claro, por supuesto. Bueno… -Se aclaró la garganta-. No tengo que volver a los tribunales hasta mañana. Si Savannah pudiera quedarse esta noche en casa de unos amigos, ¿podrías, o debería decir querrías, volar hoy conmigo a Miami para volver mañana?



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