
– Lucas…
– Es todavía muy joven, lo sé, y hace un montón de trabajo benéfico. Eso es muy noble, Paige. Soy consciente de que una mujer joven puede encontrarlo romántico…
– Pero -terció Julie- como dice Wendy, no paga las facturas. Y es un Cortez.
Wendy lo reafirmó con un movimiento de cabeza.
– Sí, es un Cortez.
– ¡Un momento! -exclamó Savannah, poniéndose de pie-. Quiero preguntar algo. -Avanzó hacia las hermanas. Julie retrocedió-. ¿Cuándo fue la última vez que salvasteis a una bruja de ser asesinada por matones de una Camarilla? Lucas lo hizo el mes pasado.
– Savannah… -empecé a decir.
Se acercó aún más a las dos mujeres. -Y ¿qué me decís de defender a un chamán acosado por una Camarilla? Eso es lo que hace Lucas ahora. Y Paige realiza obras de caridad, también. En realidad, lo está haciendo en este mismo instante, ofreciéndoles a dos hipócritas como vosotras un lugar en su Aquelarre.
– ¡Savannah!
– Me voy al vestíbulo -dijo-. Aquí apesta.
Dio media vuelta y salió de la habitación.
– Dios mío -dijo Wendy-. Desde luego, es hija de su madre.
– Gracias a Dios -añadí, y me fui también.
* * *
Mientras me alejaba del centro de la ciudad, Savannah rompió el silencio.
– Oí lo que dijiste. Fue una buena réplica.
Las palabras «aunque no lo dijeras en serio» quedaron flotando entre nosotras. Hice un gesto con la cabeza y me concentré en el tráfico. Aún me costaba comprender a Eve, la madre de Savannah. No me resultaba fácil. Todo mi ser se rebelaba ante la idea de identificarme con una bruja negra. Pero aunque fuera incapaz de considerar a Eve alguien a quien admirar, había llegado a aceptar que había sido una buena madre. La prueba de ello estaba a mi lado. De una mujer realmente malvada nunca habría nacido una hija como Savannah.
