Todo este proceso supuso graves inconvenientes para el vsiir. Estaba ya al final de su fase de energía, debido principalmente a las repetidas desilusiones que había sufrido en sus intentos por comunicarse con los seis humanos. Ahora se vio forzado a adaptarse a una variedad de ambientes desagradables, sin la oportunidad de descansar entre los cambios. Incluso el organismo más adaptable llega a cansarse. Cuando el equipo de descontaminación del puerto espacial se mostró dispuesto a certificar que la nave se hallaba totalmente libre de formas de vida extraña, el vsiir estaba realmente muy, muy agotado.

La atmósfera de oxígeno y nitrógeno entró de nuevo en la bodega. El vsiir la encontró muy grata, al menos en contraste con todo lo que le habían echado encima. Se abrió la puerta; los estibadores empezaron a colocar las cajas de la carga a fin de enviarlas a través del campo hasta la cúpula de distribución. El vsiir aprovechó la ocasión para emitir algunos tentáculos en forma de patas y trepar fuera de la nave. Se encontró en una amplia faja de cemento, bordeada por enormes edificios. Un sol amarillo brillaba en un cielo azul. Los infrarrojos se abatían sobre todo el lugar, pero el vsiir procedió a unos cambios rápidos para desviar el exceso. También compensó de inmediato la marea de hidrocarbonos de la atmósfera, el terrible nivel de ruido y la impresión de nostalgia que amenazó de pronto su estabilidad orgánica a la primera visión de este mundo extraño y descorazonador. ¿Cómo llegar de nuevo a casa? ¿Cómo establecer contacto siquiera? El vsiir no sentía a su alrededor más que mentes cerradas, selladas como semillas en su cáscara. Cierto que de vez en cuando se abrían las mentes de esos humanos, pero incluso entonces parecían poco dispuestos a dejar pasar el mensaje del vsiir.



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