Tess observaba desde su privilegiado asiento de conductora a todos los vehículos, que entraban en el aparcamiento del restaurante.

Tenía un plan perfectamente tramado. Si Lucy aparecía la primera, permanecería oculta en su coche. Si era Drew el que primero llegaba, se apresuraría a rescatarlo del desastre que se avecinaba.

Pero, ¿qué ocurriría si los dos llegaban a la vez? Bueno, en ese caso lo único que podría hacer sería esconderse debajo del asiento y rogar al cielo por su vida.

– Esto se me está yendo de las manos -murmuró con disgusto-. Debería apartarme y dejar que lo que tenga que ocurrir ocurra.

Pero le importaba su hermana y, como siempre, trataba de protegerla. Y, aunque no sabía exactamente qué era lo que sentía por Andrew Wyatt, sí sabía que no se merecía una humillación pública.

Y, si no merecía eso, ¿qué se merecía? ¿Por qué demonios estaba ella haciendo todo aquello?

Quizás sólo buscaba una buena excusa para poder seguir viéndolo, una justificación que no la hiciera sentir como una rata.

Tenía que admitir que estaba encantada con la atención que le mostraba. Quería creer que la atracción que él decía sentir era real. Parecía ciertamente obsesionado por conseguir una cita y tenía más interés del que ningún hombre le había mostrado en los últimos años.

Tess suspiró. Si lo que quería era vengarse de Drew, ¿por qué estaba haciendo todo lo que podía por protegerlo de Lucy? Después de todo era el malo de la historia.

Estaba confusa, muy confusa y no sabía bien qué hacer.

De pronto, unos pasos resonaron en el silencio de la noche.

Tímidamente, Tess asomó un poco más la cabeza. El corazón se le encogió al ver a Drew. Llevaba un traje impecable con una camisa blanca.

La brisa de la noche agitaba sus cabellos negros. ¿Por qué tenía que ser tan arrebatadoramente guapo? ¿Y por qué a ella le gustaba de ese modo? ¡No había derecho!

Durante unos segundos estuvo tentada de arrancar el coche y salir huyendo de allí.



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