En ese momento, sonó el teléfono.

Lucy corrió a agarrarlo, pero Tess se adelantó.

– ¿Diga?

Una voz masculina preguntó por Lucy.

– Es un hombre -dijo Tess.

– ¡Bien! -dijo Lucy satisfecha.

Tess continuó vistiéndose, mientras Lucy conversaba animadamente.

– Muy bien -dijo Lucy-. Nos vemos dentro de una hora en el Bistro Boulet.

Tess se volvió sobresaltada.

– ¿Bistro Boulet? ¡Allí es donde yo voy!

Lucy asintió, mientras colgaba el teléfono.

– Lo sé. Por eso pensé en ese sitio. Era Serge. Es diseñador de muebles. Lo conocí el año pasado en el lago Como. Está en la ciudad y quiere que salgamos a cenar. He quedado en el restaurante a las ocho.

¡Esa era la hora de su cita con Drew! ¡Cielo santo! ¿Qué iba a hacer? No podía darle plantón. Podría intentar localizarlo y cambiar el lugar de la cita, pero recordaba que le había dicho que iría directamente desde una reunión.

– ¿A las ocho? ¿De verdad que piensas que puedes estar lista a las ocho?

Lucy se levantó.

– Es sólo un amigo, no necesito ponerme nada especial. Tengo una idea, ¿por qué no vamos juntas? Puede ser divertido que cenemos los cuatro.

– ¡No! Bueno… quiero decir que no me parece buena idea.

En lo único que podía pensar Tess era en el desastre que se ocasionaría si Lucy sufría un ataque de histeria en mitad del restaurante al ver a Drew.

– ¡Se me está haciendo tarde! -dijo Tess-. Me tengo que ir.

– ¿Estás segura que no quieres que vayamos juntas?

– ¡No!

Sin decir más, Tess salió a toda prisa.

Lo primero que tenía que hacer era evitar el desastre y, después, buscar el modo de que su vida volviera a los cauces normales o algo aproximado, pues vivir con Lucy Courault Battenfield Oleska implicaba sobresaltos.

Capítulo 4



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