Win asintió y echó la mandíbula hacia fuera.

– La vi cuando salía.

– ¿Parecía alterada?

– No me fijé -respondió Win, y se sentó-. Le han crecido los pechos -añadió.

– Tiene un problema -dijo Myron.

Win se echó hacia atrás y cruzó las piernas con su típica calma tensa.

– Explícate.

Myron giró la pantalla del ordenador para que Win la viese. Una hora antes, Suzze T había hecho lo mismo. Pensó en aquellas tres pequeñas palabras. Muy inocentes en sí mismas, pero preñadas de sentido en su contexto. En éste, aquellas tres palabras, todavía helaban la habitación.

Win miró la pantalla y buscó algo en el bolsillo interior de la chaqueta. Sacó un par de gafas. Las llevaba desde hacía casi un mes, y aunque Myron hubiese dicho que eso era imposible, hacían que Win pareciese todavía más altivo y presuntuoso. También le deprimía mucho verlas. No es que fueran viejas ni mucho menos, pero cuando Win se las mostró por primera vez, empleó esta analogía del golf: «Ahora estamos oficialmente en los últimos nueve de la vida».

– ¿Es una página de Facebook? -preguntó Win.

– Sí. Suzze dijo que la utiliza para promocionar su academia de tenis.

Win se acercó un poco más.

– ¿Es su ecografía?

– Sí.

– ¿Y cómo es que usa una ecografía para promocionar una academia de tenis?

– Es lo que le pregunté. Dijo que necesitaba darle un toque personal. La gente no sólo quiere leer propaganda.

Win frunció el entrecejo.

– ¿Entonces va y cuelga la ecografía de un feto? -Me miró-. ¿Tiene eso algún sentido para ti?

En realidad no lo tenía. Una vez más -con Win usando gafas para leer y los dos quejándose del nuevo mundo de las redes sociales-, Myron se sintió viejo.

– Mira los comentarios a la foto -dijo Myron.

Win le miró con ojos inexpresivos.

– ¿Las personas comentan una ecografía?

– Tú léelos.

Win lo hizo. Myron esperó.



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