– ¿Qué hicisteis con la mujer? -gruñó Zsadist al siguiente asesino. Cuando todo lo que le dijo fue un-. Jódete, -Z tomo la Tyson y golpeó al bastardo.

Por qué Zsadist se preocupaba por una mujer civil, nadie en la Hermandad lo podía entender. Lo conocían por su infernal… misoginia, le temían por ello. Por qué Bella le importaba era lo que todos se preguntaban. Sin embargo, nadie, ni Phury, como su gemelo, podía predecir las reacciones del hombre.

Mientras lo ecos del brutal trabajo de Z eran aislados por el bosque, Phury se sintió resquebrajarse por el interrogatorio mientras que el lesser se mantenía firme y no daba ninguna información.

– No se cuanto más podré aguantar esto -dijo en un susurro.

Zsadist era lo único que tenía en la vida, a parte de la misión de proteger a la Hermandad de la raza de los lessers. Cada día Phury se acostaba solo, no dormía en absoluto. La comida le daba poco placer. Las mujeres estaban descartadas debido a su celibato. Y cada segundo estaba preocupado por lo que haría Zsadist y quien sería herido en el proceso. Se sentía como si estuviera muriendo por mil cortes, desangrándose lentamente. Un blanco de todas las crueles intenciones de su gemelo.

V extendió la mano enguantada y apretó la garganta de Phury.

– Mírame, amigo.

Phury lo miró y se encogió. El ojo izquierdo del Hermano, el que tenía los tatuajes a su alrededor, se dilato hasta no verse más que un negro vacío.

– Vishous, no… yo no… -mierda. No tenía por qué enterarse de su futuro ahora mismo. No sabía como manejaría el hecho de que las cosas sólo fueran a empeorar.

– La nieve cae despacio esta noche -dijo V, frotando el pulgar hacia delante y hacia atrás sobre su gruesa vena yugular.

Phury parpadeó cuando le llegó la tranquilidad, su corazón se ralentizó al ritmo del pulgar de su Hermano.



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