– ¿Dónde está la mujer? -cuando no obtuvo más respuesta que una malvada sonrisa, Z levanto sin consideración al asesino. El chasquido hizo eco a través de los árboles, un sonido duro como el de una rama que se rompe por la mitad-. ¿Dónde está la mujer?

El asesino se burló sonriendo abiertamente, entonces la rabia de Z se elevó tanto que hizo su propio círculo ártico. El aire alrededor de su cuerpo se cargó magnéticamente y se volvió más frío que la noche. Los copos de nieve no caían a su alrededor, como si se desintegraran con la fuerza de su cólera.

Phury escuchó un sonido estridente y miró sobre su hombro. Vishous estaba encendiendo una bomba casera, los tatuajes en su sien izquierda y la perilla alrededor de su boca destacaban sobre el anaranjado brillo.

Ante el sonido de otra pequeña explosión, V hizo una profunda respiración e hizo rodar sus diamantinos ojos.

– ¿Estás bien, Phury?

No, no lo estaba. La naturaleza salvaje de Z siempre era materia de un cuento de horror, pero últimamente se había hecho tan violento que era duro mirarlo en acción. Un pozo sin fondo, sin alma después de que Bella había sido secuestrada por los lessers.

Y aún no la habían encontrado. Los Hermanos no tenían ni pistas, ni información, nada. Incluso con el duro interrogatorio de Z.

Phury estaba hecho un lío sobre el rapto. No conocía a Bella lo suficiente, pero había sido encantadora, una mujer que funcionaba al más alto nivel dentro de la aristocracia de su raza. Sin embargo para él había sido más que su linaje. Mucho más. Ella había ido más allá del hombre bajo la disciplina de su voto de celibato, removiendo algo profundo. Estaba tan desesperado como Z por encontrarla, pero después de seis semanas, había perdido la fe en que hubiera sobrevivido. Los lessers torturaban a los vampiros para obtener información sobre la Hermandad y como todos los civiles ella sabía poco sobre los Hermanos. Seguramente ahora estaría muerta. Su única esperanza es que no hubiera aguantado días y días infernales antes de ir al Fade.



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