El único accesorio fijo terminado eran las estanterías que se extendían desde las sucias vigas bajando por toda la pared de cuarenta pies de largo. El instrumental estaba colocado, cuidado y limpio, en varios niveles: cuchillos, tornillos de sujeción, tenazas, martillos. Si había algo que pudiera arrancar un grito de dolor de una garganta, ellos lo tenían.

Pero el lugar no solo era para la tortura; se utilizaba también como almacén. Guarecer a vampiros durante un tiempo era un desafío, por que ellos podían hacer ¡poof… desaparecí!, delante tuyo si eran capaces de estar calmados y concentrarse. El acero les impedía el acto de desaparecer, pero una celda con barras no los abría protegido de la luz del sol y una habitación de acero en el edificio era poco práctica. Funcionaba bastante bien, aunque era un juego de tubos de alcantarilla metálicos colocados verticalmente en el suelo. O tres de ellos, como era el caso.

O tuvo la tentación de ir a las unidades de almacenaje, pero sabía que si lo hacía, no regresaría a la caza y tenía cuotas que cubrir. Siendo el Fore-lesser, segundo en la jerarquía tenía algunos atractivos extras, como el tener acceso a este lugar. Pero si tenía la intención de proteger su privacidad, tenía que tener un desempeño adecuado.

Lo que significaba que tenía que cuidar de sus armas, aun cuando preferiría estar haciendo otras cosas. Apartó de un codazo un botiquín de primeros auxilios, agarró la caja de limpieza de la pistola, y acercó un taburete a la mesa de autopsias.

La única puerta del lugar se abrió de golpe sin ninguna llamada. O miró sobre su hombro, pero cuando vio quien era, se obligó a reducir la expresión de fastidio al mínimo.

El Sr. X no era bienvenido, pero él era el responsable de la Sociedad de los Lessers y no se le podía negar. Solo por razones de auto-conservación.



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