
De pie bajo la luz de la bombilla, el Fore-lesser no era un buen oponente si querías permanecer de una pieza. De seis pies y cuarto, era como un coche: cuadrado y duro. Y como todos los miembros de la Sociedad que hacía tiempo habían pasado la iniciación, era totalmente pálido. Su blanca piel nunca se ruborizaba y no conseguía broncearse. Su pelo era del color de la telaraña. Los ojos de color gris claro como un cielo nublado e igualmente sin brillo y neutros.
Con un paso informal, el Sr. X comenzó a mirar alrededor, no estimando la disposición de los objetos, pero buscando.
– Me han dicho que ha conseguido otro.
O dejó la barra de limpiar el arma y contó las armas que llevaba encima. Un cuchillo para lanzar sobre su muslo derecho. Una Glock en la zona lumbar. Sentía no tener más.
– Lo cogí en el centro de la ciudad hace unos cuarenta y cinco minutos fuera del ZeroSum. Está en uno de los agujeros, cerca de aquí.
– Buen trabajo.
– Pienso salir otra vez. Ahora mismo.
– ¿De verdad? -El Sr. X se paró delante de las estanterías y cogió un cuchillo de caza dentado-. Sabe, he oído algo que es bastante malditamente alarmante.
O siguió su apagado parloteo y colocó la mano sobre su muslo, acercándose más al extremo de la hoja.
– ¿No va a preguntarme qué es? -Dijo el Fore-lesser mientras caminaba sobre las tres unidades de almacenaje del suelo-. Tal vez por que ya sabe el secreto.
O escamoteó el cuchillo en su mano mientras el Sr. X se demoraba sobre las redes metálicas que cubrían lo alto de los tubos de alcantarillado. No daba una mierda por los dos primeros cautivos. El tercero no era asunto suyo.
– ¿Ninguna vacante, Sr. O? -la punta de la bota del Sr. X tamborileaba dando golpecitos contra uno de los juegos de cuerdas que desaparecían debajo de cada uno de los agujeros-. Pensaba que había matado a dos después de que no tenían nada que valiese la pena decir.
