
Arriba, se cerró la puerta trasera y unos pasos bajaban por las escaleras.
El Sr. X caminó bajo una bombilla desnuda.
El Fore-lesser medía aproximadamente 1,95 y su constitución era como la de un defensa de fútbol americano. Como al igual que todos los asesinos que habían estado en la Sociedad durante mucho tiempo, era muy pálido. Su pelo y su piel eran del color de la harina, y sus iris eran tan claros e incoloros como el cristal de una ventana. Como O, él se vestía con el equipo estándar de los lessers. Pantalones cargo negros y un jersey negro de cuello alto con las armas escondidas bajo una chaqueta de cuero.
– Entonces, dime, Sr. O, ¿Cómo fue el trabajo?
Como si el caos en el sótano no fuese suficiente explicación.
– ¿Yo estoy al cargo de ésta casa? -Preguntó O.
El Sr. X caminó casualmente hacia el aparador y cogió un cincel. -Por así decirlo, sí.
– ¿Entonces me permites asegurarla para – él movió su mano alrededor del desorden – qué no ocurra otra vez?
– ¿Qué ocurrió?
– Los detalles son aburridos. Un civil escapó.
– ¿Sobrevivirá?
– No lo sé.
– ¿Estabas aquí cuando ocurrió?
– No.
– Cuéntamelo todo. -El Sr. X sonrió cuando el silencio se extendió. -Sabes, Sr. O, tu lealtad podría llevarte a tener problemas. ¿No quieres que castigue a la persona correcta?
– Quiero encargarme por mí mismo.
– Estoy seguro de que lo harás. Excepto que si no me lo dices, podría tener que sacar el costo del fracaso de tu pellejo de todas formas. ¿Lo vale?
– Si tengo permiso para hacer lo que quiera con el responsable de la fiesta, entonces sí.
El Sr. X sonrió. -Sólo puedo imaginar que podría ser.
O esperaba, mientras miraba la cabeza del afilado cincel cogido suavemente mientras el Sr. X paseaba alrededor del cuarto.
– Te emparejé con el hombre incorrecto ¿verdad? -El Sr. X murmuró mientras recogía un par de esposas del suelo. Él las dejó caer sobre el aparador. -Pensé que el Sr. E podría elevarse a tu nivel. No lo hizo. Y me alegra que vinieras a mí primero antes de que lo disciplinaras. Ambos sabemos cuánto te gusta trabajar independientemente. Y cuánto me disgusta a mí.
