El Sr. X lo miraba sobre su hombro, sus ojos fijos en O. -En vista de todo esto, particularmente porque te acercaste a mí primero, puedes tener al Sr. E.

– Quiero hacerlo con audiencia.

– ¿Tú escuadrón?

– Y otros.

– ¿Tratando de probarte a ti mismo otra vez?

– Elevando el nivel.

El Sr. X sonrió fríamente. -Eres un pequeño bastardo arrogante, ¿verdad?

– Soy tan alto como vosotros.

Repentinamente, O se encontró incapaz de mover sus brazos o sus piernas. El Sr. X había utilizado esa mierda paralizadora antes, por lo que no era totalmente inesperado. Pero el tipo todavía tenía el cincel en su mano y se acercaba.

O se opuso al agarre, sudando mientras luchaba y no lograba nada.

El Sr. X se inclinó de manera que sus pechos se tocaban. O sintió que algo rozaba su culo.

– Diviértete, hijo. -Murmuró el hombre en el oído de O. -Pero hazte un favor a ti mismo. Recuerda que por muy largos que sean tus pantalones, tú no eres yo. Te veré más tarde.

El hombre caminó a grandes pasos por el sótano. La puerta arriba se abrió y se cerró.

Tan pronto como O pudo moverse, metió la mano en su bolsillo de atrás.

El Sr. X le había dado el cincel.

Rhage salió del Escalade y escudriñó la oscuridad alrededor del One Eye, esperando que un par de lessers los asaltasen. No esperaba tener suerte. Él y Vishous habían patrullado durante las horas nocturnas, y no habían conseguido nada. Ni siquiera un vistazo. Era condenadamente extraño.

Y para alguien como Rhage, quien dependía de luchar por razones personales, también era infernalmente frustrante.

Como todas las cosas, sin embargo, la guerra entre La Lessening Society y los vampiros eran cíclicas, y actualmente estaban de baja. Tenía sentido. Allá por julio, La Hermandad de la Daga Negra había atacado el centro local de reclutamiento de la Sociedad, junto con diez de sus mejores hombres. Claramente, los lessers hacían un reconocimiento del terreno.



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