
– ¿Casada con Dimitrios Klissalikos? -él aclaró, imperturbable-. Sí, es verdad. Es parte del problema.
– Me doy cuenta de que un marido podría ser un obstáculo si desea casarse con usted -añadió Daisy.
Seth frunció el entrecejo.
– Sin duda, Astra obtendrá el divorcio, pero todavía estamos negociando un contrato prenupcial. Por el momento, tenemos que ser muy cuidadosos para que no se relacionen nuestros nombres. Ahí es donde Dee tenía que entrar en escena.
Seth dejó de hablar durante unos segundos.
– Necesito que la gente me vea salir con otra mujer para distraer la atención -continuó-. Cuando me encuentre con ella en fiestas multitudinarias, la prensa tiene que creer que salgo con otra mujer… alguien que les haga creer que es una novia apasionada.
Seth hizo una pausa.
– Un amigo mío conoció a Dee cuando estuvo aquí el año pasado. Le mencioné el asunto y pensó que era la persona ideal. Supongo que no es una buena actriz pero, aparentemente, sí es tan atractiva como para compartir un posible romance conmigo. Además de ser discreta, tiene la indudable ventaja de que haría cualquier cosa por dinero.
Seth se calló y miró a Daisy. Ella lo escuchaba atentamente.
– Daisy Deare, ¿es usted de la clase de chica que está dispuesta a hacer cualquier cosa por dinero? -añadió a continuación.
Ella lo observó con recelo.
– Casi cualquier cosa -respondió.
Consternada, vio cómo el semblante de Seth recuperaba la expresión inquietante y maliciosa. Sus ojos despedían un cálido brillo y los duros rasgos de su rostro se iluminaron. Una mueca se dibujó en su boca. Daisy se preguntó cómo se vería ese hombre cuando sonreía realmente. Seguramente Astra lo sabía.
– Muy inteligente -dijo Seth-. Obviamente, del tipo precavido. Sin duda, supongo que ahora ya sabe por qué no sería la sustituía ideal para Dee Pearce.
