Cristina se quejaba de que él nunca tenía tiempo para salir. Cuando no estaba trabajando estaba descansando por haber trabajado y cuando no hacía ninguna de esas dos cosas estaba sentado en su escritorio frente a su PC "conectado" literal y simbólicamente con la realidad virtual.

Roberto también se quejaba; Cristina era demasiado exigente. Ella debía comprender que Internet era su único momento de descanso y que él tenía derecho a disfrutar un poco de su tiempo libre.


– Ah, claro, estar conmigo no es disfrutar -había dicho Cristina.

– Y… A veces no… -contestó Roberto, lo cual (después pensó) fue un exceso de sinceridad.

– ¿Por ejemplo?

– Por ejemplo cuando me agobias de reclamos y quejas.

Cristina había cortado. Con el auricular en la mano Roberto recordó la última discusión con Carolina, su pareja anterior, y sintió cómo venía a su mente una frase que había leído esa mañana en el mail de Laura:


«…situaciones similares donde el cambio es sólo el interlocutor…»


Y recordó aún:


«Todos quieren siempre hablar del otro.»


¡Era cierto! Eso era lo que Cristina y él hacían en cada discusión. Y era eso mismo lo que había dado fin a su relación con Carolina. De hecho se había separado de ella en la creencia de que con otra sería distinto.


Esa tarde se fue de la oficina un poco más temprano; quería releer el texto sobre parejas.

Apenas llegó a la casa tiró la chaqueta en el viejo sillón gris de la entrada y encendió la PC. Esta vez la carga de los programas estaba más lenta que nunca, pero la esperó. Finalmente abrió su administrador de correo y cliqueó en el «Te mando».

Ahí estaba.

Editó el escrito y lo copió en el procesador de texto. Desde allí abrió el archivo «temando.doc» y buscó las frases que recordaba. Usó el resaltador amarillo para remarcarlas y también marcó otras.



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