
Avancé de puntillas por el amplio pasillo bajo la mirada de todos aquellos animales muertos. La puerta de la suite principal estaba cerrada, pero sabía cómo abrirla. En nuestros días de universidad, ya pasados, Scott y yo solíamos meter a alguna chica en la casa y turnarnos para dormir con la chica en la cama grande, provista de un edredón de piel de coyote.
Fui con cuidado; me paraba cada pocos segundos para prestar atención a posibles sonidos. Pero ya estaba allí, con los patos disecados, la chimenea de piedra y los sillones de piel. La gran cama de cerezo cruzaba la estancia en diagonal, con el edredón tirado a los pies. Miré al hombre que había contribuido a moldear mi vida en mayor medida que mi propio padre.
Silencio.
James dormía de espaldas. Parpadeé y acerqué mi cara a la suya para asegurarme de que era él, aunque estaba completamente seguro. Era la primera vez que veía a ese hombre con los ojos cerrados y la boca abierta bajo la redonda nariz enrojecida. La frente mostraba las arrugas propias de años de tensión, pero los carrillos le caían flojos. Sus ojos tenían patas de gallo, debidas al sueño y la edad, y los mechones de cabello blanco, débiles y grisáceos, descansaban sobre la nívea almohada.
El corazón se me aceleró y por un momento creí que se me obstruía la garganta. Aparté los ojos de su rostro. Llevaba un pijama a rayas blancas y rojas con botones de nácar blanco.
Me concentré en el segundo botón mientras alzaba el cuchillo de hoja larga y una almohada de plumas que había en la cama. Me obligué a no pensar en el asesinato, a concentrarme en el movimiento del cuchillo. Se trataba de clavarlo a través de la parte superior del pijama, de la misma forma que de niño apuñalaba con un lápiz una fruta podrida.
Un torbellino de pensamientos pasó por mi mente. Todo lo que tendría si lo hacía. Todo lo que perdería si no lo hacía. Todo apuntaba a Johnny G, el jefe del sindicato, y al acuerdo que había alcanzado, no conmigo, sino con Jessica. Si le ayudábamos a librarse de James y fingíamos que había sido su hijo, yo controlaría King Corporation. Podría llegar a un trato con el sindicato y usar a sus hombres y a sus contratistas para tirar adelante el proyecto del Garden State Center.
