Oakley Hall


Ambrose Bierce y la Reina de Picas

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Homicidio: Muerte de un ser humano por otro ser humano. Hay cuatro clases de homicidio: el alevoso, el excusable, el justificable y el encomiable, aunque al muerto no le importa mucho estar incluido en una o en otra; la distinción es para uso de abogados.

– El Diccionario del Diablo-


Cuando Ambrose Bierce tuvo noticia del primer asesinato del Destripador de la calle Morton exclamó: «Por lo visto hay alguien al que le gustan las mujeres incluso menos que a mí».

Era tan sarcástico sobre algunos temas que resultaba directamente insultante. Entornaba los ojillos bajo sus protuberantes cejas y torcía la boca bajo el rubio bigote, y entonces hacía algún comentario soez sobre las mujeres, o sobre las poetisas, o sobre la Compañía de Ferrocarriles del Pacífico Sur.

Bierce era mi héroe por aquel entonces. No podía evitar estremecerme cada vez que oía a la gente hacer algún comentario que me pareciera un fraude sobre religión, o sobre la inocente bondad de los pobres, o sobre sus santas madres, o sobre cualquiera que fuera encumbrado a categoría de héroe sin merecerlo. Y Bierce odiaba el fraude con todas sus fuerzas.

Dejé el cuerpo de bomberos para trabajar como asistente de Dutch John, impresor del Hornet, y con la intención de convertirme en un periodista como Bierce. Había recibido una buena educación por parte de los Hermanos Cristianos de Sacramento y había leído una biblioteca entera de libros. ¿Qué otro entrenamiento necesitaba? Ser un periodista famoso parecía ser una buena manera de ganarse la vida, y proporcionaba además cierto estatus social: la gente te saludaba por la calle y te decía que les había gustado tu último artículo o diatriba contra el Ferrocarril.



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