– Si Pusey está involucrado es que debe de haber olido dinero -continuó Bierce, con un aleteo de sus orificios nasales que indicaba su opinión sobre el Jefe de detectives.

La mayoría de los policías, al igual que los supervisores, estaban untados por los burdeles, casas de citas y salones, por los garitos y salas de juego. Elmer Nix probablemente era un policía relativamente honesto, pero era difícil mantenerse íntegro en la jungla de San Francisco. El departamento de bomberos había estado siempre orgulloso de su rectitud.

Bierce había afirmado que toda corrupción manaba del Monopolio de los Ferrocarriles estatales, pero a mí no me parecía tan simple.

– Quizás ya tengan a su hombre -dije.

– Eso me parecería el culmen de todos los prodigios -afirmó Bierce.


Bajo el titular Segundo asesinato en Morton Street, el Alta California informaba de lo siguiente:


Esta mañana la City se despertó sobresaltada por la noticia de un segundo asesinato en Morton Street, que se añade al terrible asesinatocometido el lunes. El crimen tuvo lugar al atardecer en un establecimiento propiedad de la Señora Cornford, en una de las habitaciones del piso superior. La víctima era una mujer de veintinueve años, Esther Mooney. Se descubrió el mismo modus operandi que en el asesinato del lunes. Le agarraron por la garganta y ahogaron sus gritos hasta estrangularla. Luego le descuartizaron el torso. El asesinato fue descubierto cuando la sangre se filtró por debajo de la puerta de su habitación.

El jefe de detectives Isaiah Pusey ha anunciado que el asesino pronto será detenido, pero no se ha realizado ningún arresto hasta el momento. Los inquilinos de Morton Street están consternados por los crímenes. El doctor Manship, encargado de realizar el examen de los restos de la víctima, es de la opinión de que el mismo hombre, obviamente un maniaco, ha sido el autor de ambos asesinatos. La vista tendrá lugar el jueves a las once de la mañana.



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