
Ni una sola mención de las picas, ni de la secuencia que seguían los naipes.
Esa semana, el Tattle no hizo ninguna referencia a los asesinatos, los cuales habían tenido lugar después de que el Hornet hubieraido a prensa, pero Bierce lanzó en él sus dardos a sus habituales enemigos a batir:
«Los peores ferrocarriles de la Costa del Pacífico son los que opera la Compañía del Pacífico Sur. La cantidad de millones de dólares que debe al gobierno es mayor que las vanidades del propio Leland Stanford; y deja escapar menos centavos que virtudes posee Collis P. Huntington».
Denunció nuevamente que el coste de la línea transcontinental se hubiera incrementado el doble incluso de las máximas previsiones.
«Collis P. Huntington y sus asociados han amasado enormes fortunas al concederse contratos a sí mismos, lo cual es delito según las leyes de este estado, repartiéndose las ganancias y manipulando los libros de cuentas».
Sobre la Compañía de Agua de Spring Valley escribió que «se desbordaba con fraudes y sobornos», y también que «incluía en el coste del agua el precio de los favores de nueve supervisores».
El objetivo teológico habitual de sus ataques era el reverendo Stottlemyer:
«Sus últimas declaraciones desde Washington Street dan a entender que los elogios por la propagación de la palabra del unigénito de Dios podrían quizás estar más justamente repartidos. Sin duda, en el terreno de desplumar palomas el propietario de la Iglesia de Washington Street no tiene rival».
En el establecimiento de la señora Cornford en Morton Street me condujeron al piso superior para inspeccionar el escenario del crimen.
