Donna Leon


Amigos en las altas esferas

Título original: Friendo in High Places

Traducción del inglés: Ana Maria de la Fuente

A Christine Donougher

y Roderick Conwary-Morris

…Ah doveSconsigliato t’inoltri?In queste muraSai, che non è ricuraLa tua Vita.

¿Adónde

tan imprudente de diriges?

Sabe que entre esas paredes

No está segura tu vida

Mozart, Lucio Silla


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Cuando sonó el timbre, Brunetti estaba echado en el sofá de la sala, con un libro abierto apoyado en el estómago. Como estaba solo en el apartamento, sabía que tenía que levantarse a abrir, pero no sin antes terminar el último párrafo del octavo capítulo de la Anábasis, porque quería averiguar qué nuevos desastres aguadaban a los griegos en su retirada. Sonó el timbre por segunda vez, dos zumbidos rápidos e insistentes, y dejó el libro abierto, boca abajo, se quitó las gafas, las puso en el brazo del sofá y se lenvantó. Sus pasos eran lentos, pese a la insistencia con que había sonado el timbre. Sábado por la mañana, libre de servicio, la casa para él solo -Paola había ido al mercado del Rialto, a comprar cangrejos-, y tenían que llamar a la puerta.

Sería un amigo de sus hijos, que venía en busca de Chiara o de Raffi o, peor, algún portador de verdades religiosas de los que se complacían en interrumpir el descanso de los trabajadores. Él no pedía a la vida nada más que poder estar tumbado leyendo a Jenofonte, mientras esperaba que su mujer volviera a casa con los cangrejos.



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