– Tienes recursos -le comentó Trevor-, así que utilízalos.

– ¿Por qué no utilizas tú los tuyos, ya que te resulta tan importante?

– Porque los míos no son del mismo tipo que los tuyos. Yo me muevo más a gusto en las salas de juntas que en los salones de baile.

– Debí de estar loca para dejarme convencer de que fuera sin David. Y en cuanto a lo de contratar a un acompañante, aunque sea de una agencia de tan gran reputación… ¡Reflexiona un poco! ¡Pagar a un hombre para que me acompañe!

– Ya te lo dije: la cosa no es realmente así -replicó impaciente-. Jack es un buen cliente nuestro, y su nieto es actor. Un actor fracasado, al parecer, puesto que se dedica a trabajar de acompañante. Llamaste a la agencia preguntando específicamente por Mike Harker, ¿verdad?

– Sí, sólo pregunté por Mike Harker. Y antes de que me lo preguntes, sí, tuve mucho cuidado en ocultarle que conocía a su abuelo. Mientras piense que se trata de un encargo ordinario, su orgullo no se resentirá.

– Bien. Por lo visto es un tipo que no acepta fácilmente favores, y habría sido un engorro que se hubiera negado. ¿Qué razón le diste para solicitar sus servicios?

– Le dije que alguien me había dicho que era muy atractivo, y que eso era lo que necesitaba.

– Muy bien. No tendrás nada que temer. Jack me ha asegurado que Harker es un tipo muy discreto. ¡Dios mío! ¿Qué es eso?

Jennifer siguió la dirección de su dedo acusador.

– Una gata -respondió a la defensiva-. Encontré a Zarpas en la puerta de casa, y no tuve corazón para dejarla abandonada allí…

– Es curioso: no sé cómo lo haces, pero todos los bichos abandonados se las arreglan para terminar en tu casa -observó Trevor, sombrío.

– Mejor eso que se queden en la calle -se apresuró a decir ella.

– Mientras no intentes llevártela a la oficina, como intentaste hacer con tu última adquisición… Estábamos a punto de firmar un estupendo contrato con Bill Mercer, cuando aquella maldita serpiente se escapó de tu escritorio: estuvo a punto de sufrir un ataque cardíaco.



3 из 132