
Tampoco ella sabía qué hacer, de modo que se dejó caer en un sillón para mirar de cerca a su sobrino. Henry la miró un momento y después se volvió hacia la ventana
– ¿Henry? -lo llamó ella.
– No responde cuando lo llamas por su nombre -dijo la niñera-. Sólo tiene diez meses.
– ¿Gatea?
– Sí.
– Entonces debería reconocer su nombre. Si gatea significa que se desarrolla de forma normal.
– Sí, es muy avanzado -murmuró la niñera, con expresión indiferente.
– ¿Dice alguna palabra?
– No, todavía no.
El pobre Henry parecía aburrido. Quizá si ella hubiera tenido que mirar una ventana durante meses…
– ¿Juega con él?
– Claro -contestó la joven, con expresión ofendida.
– ¿Ah, sí? Pues a mí me parece que no.
– Oiga…
– Contrataré a una buena niñera cuando estemos en Broitenburg -intervino Marc-. Encontramos a Kylie a toda prisa…
– O sea que Henry ha estado con Kylie o con la otra niñera desde que murieron sus padres -murmuró Tammy, acariciando los rizos del pequeño-. ¿Ha estado con niñeras desde que nació?
– Me imagino que sí. No lo sé -contestó Marc suspirando.
– ¿Lo sabe alguien? ¿Alguien se ha preocupado de este niño? -le espetó ella, furiosa.
– Yo.
– ¿Ha visto a alguien abrazando a mi sobrino? ¿Alguien ha jugado con él, le ha leído cuentos? ¿Alguien lo ha querido?
Marc no podía responder a eso.
– Cuando lleguemos a casa estará bien cuidado.
– No -dijo Tammy entonces-. Se acabaron las niñeras. Si Lara me ha hecho su tutora, Henry está en su casa. Se quedará en Australia, conmigo. Gracias por contarme toda esta… tragedia, príncipe… como se llame, pero no tiene que molestarse más. Me lo llevo.
– Pero…
– Yo soy su tutora legal. ¡Y los demás se pueden ir al infierno a partir de ahora!
Capítulo 3
