Un príncipe… ¿Qué pasaría si fuera grosera con un príncipe?, se preguntó Tammy.

– Muy bien, su amigo es un príncipe. ¿Quién es usted?

– Soy Charles Debourier, el embajador…

– No me lo diga, el embajador de Broitenburg.

– Sí.

– Y Broitenburg está… ¿en Europa? -sonrió Tammy.

Tenía una sonrisa abierta, casi descarada, totalmente diferente de la de Lara. Pero él no quería perder el tiempo con una mujer. Especialmente con aquélla.

– ¿No sabe usted dónde está Broitenburg? -le espetó el embajador.

– Nunca me ha interesado la geografía. Y dejé el colegio a los quince años.

Genial. Además de ser la hermana de Lara, era prácticamente analfabeta.-Broitenburg tiene frontera con Austria por un lado y con Alemania por el otro -estaba diciendo el embajador, pero Tammy no parecía impresionada-. Y es un país importante.

– Debe de ser importante para tener embajador en Australia -sonrió Tammy-. Encantada de conocerlos, Alteza y embajador, pero tengo mucho trabajo.

– Ya le he dicho que tengo que hablar con usted -insistió Marc, irritado.

– ¿Por qué? ¿Tienen árboles enfermos en Broitenburg?

– Pues…

– No estoy interesada. Ya tengo trabajo aquí.

¿De verdad pensaba que había ido hasta allí desde Broitenburg, vestido con aquel ridículo uniforme, para pedirle que cuidase de unos árboles? Marc no daba crédito.

Él odiaba el uniforme. Odiaba la ostentosa limusina, al chofer, a la realeza en general…

Y la única forma de librarse de todo eso era a través de aquella chica.

– No estoy ofreciéndole un trabajo.

– ¿Entonces?

– He venido a pedirle que firme unos papeles -contestó Marc-. Para poder llevarme a su sobrino a Broitenburg.

Silencio.

El silencio se alargó durante mucho tiempo, pero Tammy no dejaba de mirar hacia abajo. Le habían hecho muchas ofertas de trabajo, pero aquello…

Charles, el embajador, descubrió que tenía hormigas en el zapato y empezó a pisotearlas.



4 из 99