– He encontrado a Tamsin Dexter. Tiene veintisiete años, es soltera y trabaja como arboricultora con el servicio nacional de parques en Bundanoon, a una hora de Canberra. Podría ir a verla después de la recepción.

El investigador privado tenía muy buenas credenciales, pero Marc reaccionó con absoluta incredulidad. ¿Cómo una arboricultora podía ser hermana de una mujer como Lara? No tenía sentido.

Pero la recepción en Canberra era inevitable. Y como jefe de estado de Broitenburg, era su obligación asistir.

Y cuando por fin pudo localizar a la tal Tamsin Dexter, estaba subida a un árbol, con un arnés.

Era delgada, fibrosa… y parecía fuerte. Llevaba unos pantalones de color caqui y botas de cuero con los cordones rotos.

¿Qué más? Era joven y estaba en forma. Llevaba el pelo oscuro sujeto con una goma, pero le caían algunos rizos por el cuello. Parecía como si no se hubiera pasado un peine en varias semanas… aunque quizá eso era injusto. Si él tuviera que trabajar subido a un árbol, quizá su pelo tendría el mismo aspecto.

Tamsin tenía la piel bronceada y los ojos claros, aunque desde abajo no podría decir si eran verdes, azules o de color miel.

Pero el parecido con Lara era evidente.

El detective estaba en lo cierto. Aquélla era la Tamsin Dexter que estaba buscando.

– ¿Qué quieren? -repitió la joven, mirándolos como si ellos fueran los raros… aunque considerando la ropa que llevaban quizá tenía razón.

– Tengo que hablar con usted -dijo Marc.

– ¿De qué?

– ¿Es usted Tamsin Dexter?

– Sí -contestó ella, sin moverse.

– Señorita Dexter, está usted hablando con Su Alteza Real el príncipe Marc, regente de Broitenburg -los interrumpió el burócrata-. ¿Le importaría bajar de ahí?



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