
– El tiempo es dinero así que es mejor que continuemos con nuestras discusiones -Fleming besó a Skye en la mejilla-. Marjorie está también aquí, así que debes venir a cenar con nosotros. También invitaremos a Charles. Me parece recordar que te sentiste atraída hacia él en esa fiesta.
– Eso sería magnífico -la voz de Skye sonó débil.
Lorimer observó su reloj y luego miró hacia su oficina.
– Estaré contigo en un momento -fue a la oficina, despidiéndose con la mano de Skye.
Skye se puso nerviosa al mirar el sombrío rostro de Lorimer.
– ¿Sabía que Fleming Carmichael era el inversionista potencial de mi proyecto? -preguntó tenso.
– No -respondió-. Supongo que alguien me contó algo, pero nunca se me ocurrió que yo lo encontraría aquí -vaciló-. ¿Va a explicarle que después de todo yo no trabajo para usted?
– ¿Cómo podría hacerlo ahora? No lo conozco lo suficiente para saber cómo reaccionaría. Ya he tenido demasiadas complicaciones con este proyecto. Si Fleming quiere que usted trabaje aquí, es probable que valga la pena soportarla.
Skye soltó un largo suspiro de alivio.
– No lo lamentará, se lo proxneto.
– Es mejor que esté segura -la amenazó y se alejó hacia su oficina.
– ¿Cuándo quiere que empiece? -le gritó.
Lorimer se detuvo, volvió la cabeza hacia donde ella todavía se mostraba insegura pues aún no creía en la buena fortuna de haberse encontrado con Fleming. Al otro lado del pasillo, los ojos azules de él la miraban sombríos y con hostilidad.
– Preséntese aquí el lunes por la mañana, a las nueve en punto -se dio vuelta y abrió la puerta-. ¡Y no llegue tarde!
