
Capítulo 2
VANESSA vivía en el cuarto piso de un típico y sombrío edificio gris de apartamentos. En su interior, los pisos eran espaciosos y tenían techos altos, pero Skye temía el largo trayecto por la escalera desgastada. Abrió la pesada puerta y levantó la mirada hasta donde la claraboya permitía que penetrara una miserable cantidad de luz.
Inhaló profundo y subió el primer tramo de un golpe, para detenerse un momento. Perdió el paso al subir el segundo trato al encontrarse con la vecina de Vanessa, la señora Forsyth que llevaba dos pesadas bolsas de compras. La señora Forsyth siempre vestía un abrigo, guantes y un sombrero tipo turbante, con un broche al frente. Skye estaba convencida de que ella vestía todo el tiempo el mismo traje, hasta en la cama. Por su parte, la señora Forsyth desaprobaba a Skye porque era demasiado bonita y en su opinión, frívola.
– Déjeme ayudarla con esas bolsas, señora Forsyth.
Subieron con dificultad la escalera y la señora Forsyth se ablandó lo suficiente para darle las gracias cuando al fin llegaron arriba.
– ¡Hoy es mi día! -estalló al entrar en el apartamento de Vanessa y ver a su amiga bebiendo un té en la cocina-. ¡No sólo he conseguido el empleo sino que la señora Forsyth ha reconocido mi existencia!
– ¿Has conseguido el empleo? -Vanessa bajó el tazón y miró a Skye perpleja.-. ¿Cómo rayos has podido hacerlo?
– No sé por qué pareces tan sorprendida -sonreía al servirse una taza de té-. ¿Por qué no iba a obtenerlo?
– He preguntado sobre Lorimer Kingan en el trabajo y ¡tiene una reputación…!
– ¿Sí? -Skye tiró de una silla y se sentó al otro lado de la mesa.
– Es muy admirado en el mundo del deporte. Dicen que ha hecho un maravilloso trabajo con los jóvenes jugadores. El construyó su compañía de la nada… me parece formidable.
Una visión de Lorimer surgió ante Skye: los ojos azul oscuro, las rudas y amenazantes líneas de su rostro, la sensación de fuerza…
