
Después de lo que a Skye le pareció un largo rato, él bajó la carpeta y la miró con evidente asombro.
– ¿Usted es Skye Henderson?
– Sí -respondió Skye. Trató de sonreír, aunque el efecto de su sonrisa no fue el que ella había anticipado. En lugar de parecer asombrado, el aturdimiento de sus ojos dio paso a la curiosidad.
– Tengo que admitir que usted no es exactamente lo que yo esperaba -dijo al fin con voz seca.
– ¿No lo soy? -dijo un poquitín nerviosa-. ¿Cómo esperaba que fuera?
– Digamos que esperaba a alguien un poco menos… llamativa -los inquietantes ojos azules se posaron en Skye-. Su historial profesional es impresionante. Imagino que cualquiera que haya tenido el tipo de trabajos que usted ha desempeñado necesita ser tanto discreta como eficiente.
La estudió con una especie de especulación impersonal que hizo que Skye se moviera inquieta en su silla. Los rizos color dorados se movían incontrolables sobre su rostro, donde los ojos y la amplia boca generosa siempre estaban al borde de la risa, sin importar lo mucho que intentara poner una expresión seria. A pesar de sus esfuerzos por parecer sensata, era obvio que no había convencido a Lorimer.
– Me perdonará si le digo que yo esperaba a alguien con una apariencia más profesional -continuó.
– Mi último jefe juzgaba a la gente por su trabajo, no por su apariencia -dijo-. Después de todo, uno no mecanografía con mayor rapidez si viste un traje gris -para ella no había ninguna diferencia ya que mecanografiaba despacio sin importar lo que vistiera.
