Sin embargo, descubrió que no podía decir las palabras que harían que Saxon se vistiera y se marchara. No en aquellos momentos. Lo haría por la mañana. Quería tener aquella última noche juntos, poder estrecharlo entre sus brazos. Quería decirle lo mucho que lo amaba una vez más del único modo en el que él estaba dispuesto a escucharlo.

Capítulo Dos

A la mañana siguiente, Saxon se despertó muy temprano. Permaneció tumbado en la cama, bañado por la tenue luz del alba, aunque le resultaba imposible dormir por la tensión que le había provocado la pregunta que Anna le había hecho la noche anterior. Durante unos terroríficos instantes, había visto cómo su vida cambiaba por completo a su alrededor hasta que Anna le había sonreído y le había dicho suavemente:

– No. Jamás trataría de obligarte a que te casaras conmigo. Sólo era una pregunta.

Ella seguía durmiendo, con la cabeza apoyada sobre el hombro de Saxon, cubierta por su brazo. Desde el principio, a Saxon le había resultado imposible dormir a menos que Anna estuviera a su lado. Había dormido solo durante toda la vida, pero cuando Anna se convirtió en su amante, había descubierto que volver a dormir solo le resultaba prácticamente imposible.

La situación estaba empeorando. Los viajes de negocios jamás le habían preocupado antes. De hecho, más bien había disfrutado con ellos, pero, en los últimos tiempos, le habían empezado a irritar profundamente. Aquel último viaje había sido el peor.

Los retrasos y los problemas no habían sido nada fuera de lo normal, pero lo que una vez había dado por sentado le molestaba al máximo en aquellos momentos. El retraso de un vuelo podía provocarle una ira irrefrenable. Un plano perdido era suficiente para despedir a alguien. Además, no había podido dormir. Los ruidos del hotel y la cama le habían irritado especialmente, aunque seguramente no se habría dado cuenta de nada si Anna hubiera estado a su lado. Esa reflexión había sido más que suficiente para provocarle sudores fríos por todo el cuerpo, pero, además de eso, había sentido una imperiosa necesidad de regresar a Denver, a Anna. Hasta que no la tuvo debajo de él en la cama y sintió el cálido contacto de su cuerpo, no pudo relajarse.



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