– ¿Te encuentras bien? -le preguntó, algo preocupado-. ¿Estás segura de que no te he hecho daño?

Ella colocó una mano sobre la de él.

– Estoy bien.

Más que bien, allí tumbada, con la mano descansando sobre el hijo que él le había dado.

Saxon bostezó y movió los hombros para relajarlos. La tensión que había sentido anteriormente había desaparecido por completo y tenía una expresión relajada en el rostro.

– Tengo hambre. ¿Quieres que comamos en casa o que salgamos fuera?

– Comamos aquí, en casa -dijo Anna. No quería pasar su última noche juntos en un concurrido restaurante.

Cuando Saxon trató de levantarse, ella le agarró la mano y se lo impidió. Él la miró sorprendido. Anna respiró profundamente. Sabía que tenía que terminar con aquello lo antes posible, antes de que perdiera el valor.

Sin embargo, las palabras que logró pronunciar no fueron las que había planeado.

– Me estaba preguntando qué harías si yo me quedara embarazada.

De repente, el rostro de Saxon perdió toda expresión y la mirada se le heló en los ojos.

– Te lo dije al principio -dijo, por fin, con voz profunda-. No me casaré contigo bajo ninguna circunstancia, por lo que te pido que no trates de quedarte embarazada para obligarme a ello. Si quieres casarte, yo no soy el hombre adecuado. Tal vez deberíamos disolver nuestro acuerdo.

La tensión había vuelto. Su cuerpo, completamente desnudo, rezumaba anticipación ante la respuesta que ella pudiera darle, pero su rostro no mostraba preocupación alguna. Ya había tomado su decisión y sólo esperaba escuchar lo que Anna fuera a responder. A pesar de que ella sentía una enorme presión en el pecho, tenía que reconocer que la respuesta de Saxon había sido precisamente la que ella había esperado.



11 из 70