
– Una habitación… No había pensado en eso. Lo único que me puedo imaginar es una personita envuelta en una toquilla. Se quedará donde lo dejemos y no ocupará mucho sitio. ¿Por qué necesita alguien tan pequeño una habitación para él solo?
Anna sonrió.
– Porque, si no, el apartamento entero estará lleno de toda la parafernalia necesaria para cuidar de un bebé. Además, ¿dónde habías creído que iba a dormir?
La pregunta sorprendió a Saxon. Entonces, se echó a reír. La extrañeza de aquel sonido resonó alegremente en los oídos de Anna.
– Supongo que con nosotros. Sobre el brazo que no estuvieras utilizando. De hecho, yo diría que podría dormir sobre mi pecho, pero según tengo entendido no están adiestrados.
Anna se echó a reír y Saxon volvió a soltar una carcajada. Se sentía mucho más feliz de lo que recordaba haber sido en toda su vida. Se acurrucó un poco más contra él.
– Me imagino que te gustaría que fuera niño. Llevo imaginándote todo el día enseñándole a jugar al béisbol.
Saxon se tensó.
– No especialmente -dijo-. En realidad, preferiría que fuera niña.
Anna se sintió tan sorprendida que no supo qué decir, en especial porque no sabía qué parte de la frase que ella había pronunciado era lo que le había molestado. Saxon no dijo nada durante un buen rato y Anna comenzó a quedarse dormida. Sin embargo, el sopor desapareció por completo cuando oyó que él decía en voz muy baja:
– Tal vez si es una niña la querrás más.
Capítulo Seis
– ¿Y tu familia? -le preguntó Saxon a Anna a la mañana siguiente con mucha cautela, como si tuviera miedo de meterse donde no lo llamaban.
