Saxon se marchó a trabajar en silencio y regresó aquella tarde del mismo humor. Anna lo dejó en paz, pero su silencio le aterrorizaba. ¿Le habrían molestado tanto sus preguntas que habría empezado a considerar terminar su relación con ella? Sin embargo, él había sido quien había empezado la conversación preguntándole por su familia. En los pocos días que habían pasado desde que le confesó que estaba embarazada, se había acostumbrado a verlo como un ser más cercano, más suyo, pero, de repente, se había dado cuenta de que la barrera que lo había protegido desde un principio aún lo rodeaba. Tal vez Anna había conseguido tirar algunos trozos, pero distaba mucho de haberlo derribado.

A Saxon no le había gustado hablar de su familia de acogida, pero le había hecho empezar a pensar. A menos que Anna y él tomaran medidas para evitarlo, su hijo tampoco tendría una familia muy grande. Dadas las circunstancias, no se los imaginaba a ambos teniendo más hijos, pero, para su sorpresa, le gustaba la idea. Quería que fueran una familia, no sólo una pareja que iba a tener un hijo.

No tenía fantasías agradables sobre su madre, pero, a menudo, se había preguntado cómo habría sido tener una familia de verdad, pertenecer a un hogar y tener alguien que lo amara. Bajo el cruel peso de la realidad, la fantasía no había durado mucho, pero aún recordaba cómo la había imaginado. El centro de la misma y su base era una permanente sensación de seguridad que lo mantenía todo unido. No había podido imaginarse a sus padres, sino tan sólo a figuras parecidas a sombras que se interponían entre el peligro y él. No quería que su hijo tuviera esa clase de fantasías. Quería que tuviera la realidad de un hogar estable.

Menos de una semana antes, la idea de lo que en aquellos momentos estaba considerando le habría provocado un ataque de pánico, pero, desde entonces, había aprendido que había cosas mucho peores. Perder a Anna era mucho peor. Esperaba no tener que pasar un día ni una noche como el que había pasado porque no creía que pudiera soportarlo. En comparación, lo que estaba pensando en aquellos momentos era un juego de niños.



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