– ¿No crees que estarías mucho mejor sin esto? -susurró-. ¿Y también sin esto? -añadió bajando las manos para empezar a desabrocharle la hebilla del pantalón.

La respiración de Saxon se había acelerado. El calor corporal que desprendía su piel se notaba incluso a través de la ropa. En vez de dar un paso atrás para poder quitarse la ropa, él la abrazó con fuerza y la levantó del suelo para llevarla a la cama. Se dejó caer de espaldas y luego se dio la vuelta para que ella se quedara debajo de su cuerpo. Anna soltó un pequeño gemido cuando notó que él utilizaba uno de sus fuertes muslos para separarle las piernas y luego se acomodaba sobre ella.

– Anna…

La voz con la que pronunció el nombre era más bien un gruñido. Le tomó el rostro entre las manos y apretó la boca contra la de ella mientras bajaba la mano entre los cuerpos de ambos para poder abrirse los pantalones. Saxon estaba preso de un extraño frenesí y ella no sabía por qué. Sin embargo, Anna notaba perfectamente lo desesperadamente que la necesitaba, por lo que se quedó completamente inmóvil para él. Saxon la penetró con un fuerte movimiento que hizo que ella se arqueara sobre la cama. Como no estaba del todo preparada, la penetración resultó dolorosa. No obstante, se aferró con fuerza a él para tratar de darle todo el confort que pudiera a pesar de que no sabía lo que le pasaba.

Sin embargo, cuando se encontró dentro de ella, la desesperación desapareció de los ojos de Saxon. Ella noto cómo, poco a poco, los músculos iban relajándosele. Saxon se hundió en Anna con un relajado gemido de placer y dejó que el peso de su propio cuerpo la aplastara contra la cama. Después de un instante, se incorporó sobre los codos.

– Lo siento mucho -susurró-. No era mi intención hacerte daño.



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