Y lo hizo lo mejor que pudo. Cuando Jarrod comenzó a preguntarle por su padre, ella le dijo que había muerto en un accidente antes de que él naciera.

Más tarde, Jarrod descubrió que el accidente era en parte verdad. Pero se había producido después de su nacimiento y su padre no murió: Peter Maclean volvió al oeste algunos años más tarde y sufrió un terrible accidente cuando colapsó la grúa de una obra en la que estaba trabajando.

Al descubrir la verdad, Jarrod se había enfurecido con su madre y con el mundo en general, especialmente con el hombre que no había asumido la responsabilidad que le correspondía.

Su ira le condujo a comportarse temerariamente: empezó a faltar al colegio y juntarse con malas compañías. Hasta que la policía local intervino. Fue el sargento de la comisaria quien, al morir su madre, localizó a su padre.

Mirando hacia atrás, Jarrod no podía sino admirar a Peter Maclean. No debió ser fácil descubrir de pronto que tenía un hijo adolescente y, aún más, pasar a ocuparse de él. Pero Peter había viajado inmediatamente a Perth para pasar con su hijo un par de semanas y conocerlo un poco mejor antes de llevarlo a su hogar.

Hogar. Jarrod suspiró. Aunque le pareciera mentira, todos esos años atrás eso era lo que había sido: su hogar.

Hogar. Sí. Jarrod estaba volviendo a su hogar, pero sólo porque su padre estaba gravemente enfermo.


Hogar. Georgia Grayson suspiró cuando su compañera de trabajo detuvo el coche frente a su deteriorada casa. Por fin en casa.

Aquella noche estaba especialmente agradecida de que la llevaran porque se sentía como si el peso del mundo descansara sobre sus hombros. Normalmente, Georgia conseguía olvidarse de sus problemas mientras trabajaba en la librería, pero ese día le había resultado imposible. Tenía demasiadas preocupaciones.



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