– ¿Te ha dicho que fuimos a verlo tocar el otro día?

– Sí, me dijo que te había visto -dijo Georgia, tomando el bolso del asiento de atrás.

– Es un grupo muy bueno. Estoy segura de que tendrán éxito. Lockie me dijo que les han pedido que toquen otra vez dentro de un mes.

– Sí. Está encantado -Georgia bajó del coche-. Hasta mañana. Y gracias otra vez -cerró la puerta y Jodie arrancó.

Las luces estaban encendidas, pero la furgoneta de Lockie no estaba aparcada frente a la casa, lo cual podía significar que, como de costumbre, Lockie se había marchado sin cerrar.

Georgia empujó la puerta y entró en el vestíbulo.

– ¿Eres tú, Georgie? -su hermano asomó la cabeza desde el cuarto de estar-. Pensaba que vendrías más tarde.

Georgia fue hacia él, dejó el bolso en el suelo y se dejó caer sobre un sillón, desabrochándose la chaqueta de manga corta que hacía juego con su falda azul.

– Primero, no me llames Georgie y, segundo, ya es bastante tarde. Son las nueve y media, y hubiera llegado todavía más tarde si Jodie no llega a traerme. ¿Dónde está Mandy?

Amanda Burne, la novia de Lockie desde hacía seis meses y cantante de su grupo, Country Blues, vivía con los Grayson y trabajaba a tiempo parcial de camarera.

– No sabía que hoy le tocaba trabajar -dijo Georgia.

– No está trabajando -dijo Lockie, sentándose, abatido, frente a su hermana-. Se ha marchado a casa.

Georgia arqueó las cejas.

– ¿A Nueva Zelanda?

– La he dejado en el avión hace un par de horas.

– ¿Qué ha ocurrido, Lockie? -preguntó Georgia.

– Nada especial -Lockie se encogió de hombros-. Su hermana ha tenido el niño antes de lo esperado y Mandy ha ido a ayudarla.

– ¿Es eso todo? -Georgia sabía que Mandy y Lockie habían estado discutiendo en los últimos tiempos a cuenta de lo que Mandy denominaba «carencia de empuje» de Lockie.



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