Por un momento se deleitó con la imagen de una muchacha de largas piernas enroscada a una cañería de desagüe, y se preguntó si Kit Fairfax la amaría lo suficiente como para no aceptar ninguna clase de soborno.

Mientras cruzaba las lindes de piedra de Honeybourne Park dejó a un lado la desagradable tarea que tenía por delante y se puso a pensar en una preocupación más urgente. No había comido desde que su secretaria le llevara un bocadillo a la mesa de su despacho al mediodía, y lo cierto era que tenía hambre. A la ida al pasar por el pueblo, había visto un mesón que tenía buena pinta, pero lo pensó mejor y decidió alejarse un poco más de Carlisle antes de pararse a comer.

Le había dejado bien claro que debía llegar a Londres y ocuparse de Fairfax sin tardanza; comer no parecía una excusa lo suficientemente buena como para posponer el terrible momento.

Brodie puso mala cara, pues incluso si entrara en Londres directamente sería demasiado tarde para hacer nada. La situación ya se presentaba lo bastante difícil sin el añadido de tener que aporrear la puerta de Fairfax en plena noche para recordarle su modesta situación y exigirle que se olvidara de casarse con Emerald Carlisle.

Al recordar los expresivos ojos de la chica y aquella sonrisa tan cálida supo que si la cosa fuera con él, mandaría lejos a cualquier abogado que quisiera interferir en su relación. Pero, por alguna razón, no se imaginaba a Fairfax reaccionando así. Tenía un aire distraído, unas facciones suaves, y Tom sabía que, ocurriera lo que ocurriera, se iba a sentir como un canalla.

Se encogió de hombros y pensó que, en ese momento, lo que más le importaba era comer algo. De pronto se dio cuenta de que tenía otro pequeño problema aún más urgente, por lo que paró en un claro al lado de la carretera.

Emerald no tardó mucho en adivinar que no iba a ser fácil pasar desapercibida hasta Londres en el suelo de un coche.



13 из 113