
– Utilice todos los métodos necesarios a su alcance para que no se celebre esa boda, Brodie. Le hago personalmente responsable de ello.
Emerald, acurrucada tras el asiento delantero del coche de Tom, se quedó de una pieza. ¿Estaba enviando a Brodie a hablar con Kit? ¿Dónde estaría Hollingworth? Podía manejar a aquel viejo pomposo con una sola mano, pero la firmeza y decisión de Brodie no se le antojaron tan manejables y le dio un poco de miedo.
Lo mejor del plan había sido su sencillez y hasta ese momento había estado convencida de que nada iría mal. ¡Qué tonta había sido!
Brodie dejó la carpeta en el asiento junto al conductor y se acomodó detrás del volante, al tiempo que Emerald se agazapaba todo lo posible. Ya no le parecía tan atractiva la idea de presentarse a aquel hombre una vez traspasados los límites de la propiedad.
Quizá Brodie pudiera ser terriblemente amable con una chica que le enseñara un poco las braguitas al bajar por una cañería, pero dudaba mucho que se le ablandara tanto el corazón cuando tuviera que tratar con un cazadotes. No parecía tan fácil de convencer como el estúpido de Hollingworth.
Aquello le urgía más a llegar hasta su querido Kit antes de que Brodie pudiera hablar con él, o bien el pobrecito no sabría a qué atenerse.
Capítulo 2
Brodie se echó hacia delante, encendió el motor y bajó la ventanilla. Hizo una pequeña pausa, contemplando la inmensa zona verde y de bosques de la finca de Carlisle, haciendo una mueca de disgusto al pensar en el privilegio que representaba y en aquel hombre que estaba tan seguro de que el dinero era la solución a cualquier problema.
La verdad, y lo había descubierto en el transcurso de su carrera como abogado, era que el dinero siempre acarreaba problemas. Por ejemplo, si Emerald Carlisle fuera una chica de clase media trabajadora, podría haberse casado con quien quisiera y a nadie le hubiera importado lo más mínimo.
