Para quitarse el mal sabor del café se metió en la boca el último chicle. El dependiente con acné parecía distraído y continuó leyendo el último número de la revista Rocky. Un descuidado mechón de pelo le cayó sobre un ojo y él se lo colocó detrás de la oreja con un gesto mecánico. Nova tuvo mucho cuidado de no encontrarse con su mirada pero, sin embargo, pudo constatar que eran más o menos de la misma edad. El martes ella cumpliría diecinueve años.

Nova no sentía una especial preocupación por que la pudiera identificar posteriormente. El mono de trabajo que llevaba puesto provenía de un contenedor. Era de color naranja sucio, con el gran logo de la compañía telefónica Televerket impreso en la espalda. Llevaba las rastas anudadas debajo de la gorra, que también había conseguido en un contenedor, con la visera bien bajada. Se había quitado la anilla de la nariz y el maquillaje era imperceptible. «Ni tu propia madre te reconocería», había dicho alguien cuando abandonó el local. No protestó pero pensó: «Vosotros no conocisteis a mi madre.» En la puerta del Seven-Eleven comprobó el contenido de su mochila negra por quinta vez en una hora. Había tres cosas: un spray de color rojo sangre, una linterna para ponerse en la frente y un juego de ganzúas que Nova compró a través de internet y que le enviaron desde Estados Unidos. La tienda se llamaba Selfdefense Products y el juego estaba empaquetado en una discreta caja de color marrón. Primero se rió de la idea de utilizar ganzúas para la autodefensa, después se dio cuenta de que ella misma terminaría por hacerlo.

Si la tierra sucumbía, ella también moriría.

Por tanto, su plan era totalmente de autodefensa. Esa conclusión la llenaba de confianza y fue lo que le hizo aceptar llevar a cabo la acción de aquella noche.

El paquete que encargó incluía un manual de instrucciones para abrir cerraduras. Nova había comprado dos cerraduras de la misma marca que la que iba a abrir aquella noche y estuvo practicando una y otra vez. Sin embargo, se sentía insegura. Siempre se ponía nerviosa cuando tenía que hacer algo por primera vez. Y no cada día cometía un delito de allanamiento de morada. Dirty Thirty, se repetía a sí misma para sentirse fuerte. Dirty Thirty.



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