
– Te he excusado, Vic, y además, no creo que tengas ropa adecuada para el tipo de fin de semana que están proyectando los Felitti.
Nueve meses después de nuestra sentencia firme de divorcio, él y Teri Felitti se casaron con gran alharaca de encajes y damas de honor. La relevancia financiera del padre de ella convirtió el desposorio en una noticia de primera plana, y no pude resistir leer todos los detalles. Por eso sé que entonces ella sólo tenía diecinueve años, nueve menos que él. Dick había cumplido los cuarenta el año anterior; me pregunté si a sus treinta y dos años Teri no estaría empezando a parecerle vieja.
Nunca la había visto antes, pero entendí por qué Dick la consideró un mejor ornato que yo para Crawford-Mead. En primer lugar, no estaba tendida en el suelo mientras los acomodadores cerraban las puertas de acceso a la sala; y además, no tuvo que correr, sujetándose el bajo sucio de la falda para no enganchárselo con los tacones, para poder entrar antes de que cerraran.
Ágape frenético
Volví al palco en el preciso momento en que Michael salía otra vez a escena con Or'. Al oír mi jadeo, Lotty giró hacia mí, enarcando las cejas.
– ¿Necesitabas correr una maratón en el intermedio, Vic? -murmuró amparándose en los dispersos aplausos de cortesía.
Hice un gesto de rechazo.
