Ernie era prudente, sí, pero no lo fue ese día. Y andar por ahí molestando a la policía, hablando de absurdas conspiraciones, no te hace ganar premios a la simpatía. -Hace una pausa y espera para ver si tengo algo que decir. Decido no hacerlo-. Ya pasó. Caso cerrado. Kaput. -Teitelbaum frunce los labios, y la cara se le arruga como si estuviese inyectándose zumo de limón en las venas-. Así pues, lo que necesito saber es si lo has superado. Me refiero a todo: Ernie, McBride…

– ¿Que si lo he superado? Quiero decir… Yo…, yo no… ¿Están muertos, verdad? O sea que…

¡No!, quiero gritar, ¡no lo he superado! ¿Cómo diablos se puede esperar que olvide lo que le ocurrió a mi compañero, que deje que la muerte de mi único amigo quede sin resolver? Quiero decirle que he metido las nances donde no me llamaban y que volvería a hacerlo. Quiero decirle que a la mierda la rectificación del Consejo y a la mierda cualquier lista negra en la que pueda figurar. Quiero decirle que seguiré buscando al asesino de Ernie hasta que el último aliento abandone mis labios.

Pero ése ha sido el Vincenl Rubio de los últimos nueve meses, y la furia y el resentimiento no le han traído a ese Vincent nada más que varios kilos de avisos de cobro, una inminente ejecución de la hipoteca y un costoso hábito de albahaca. No tengo pasta, no tengo tiempo y no me queda nadie a quien pueda recurrir; de modo que dibujo mi mejor sonrisa. -Por supuesto; claro está que lo he superado -digo. El tiranosaurio silencia el clac-clac-clac de las bolas metálicas con un dedo ajado y me mira de arriba abajo.

– Bien, muy bien. -El silencio se expande a través de la habitación-. Por cierto, ¿has oído algo acerca de unas multas del Consejo?

– Ya no pertenezco al Consejo, señor.

Cuando formaba parte de esa corporación, Teitelbaum siempre me estaba presionando para que le diese información. Para él significaba una clara muestra de desprecio que uno de sus empleados ocupara un lugar en el Consejo del Sur de California; que yo tuviera la capacidad de intervenir en la promulgación de leyes que podían afectar su vida cotidiana. Era uno de esos pequeños placeres que entonces me mantenían en forma.



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