Es el tercer día de una operación de vigilancia de tres días. He dormido en el coche, he comido en tugurios infestados de ratas y tengo los ojos hechos polvo por el esfuerzo de discernir los detalles a distancia. Llevo una hora y media sentado en el coche, esperando a que se enciendan las luces del dormitorio. Es inútil tomar fotografías de una ventana oscura, y un informe de primera mano no sirve de nada. A las esposas furiosas les importa un huevo lo que un detective privado pueda ver u oír. Somos personas no gratas. Ellas quieren fotos, muchas fotos. Algunas quieren vídeos. Otras quieren sonido. Todas quieren pruebas. Así pues, si bien yo he sido testigo presencial de cómo el señor Ohmsmeyer tontea, acaricia, abraza y, en general, pone cara de imbécil ante una mujer que no es su esposa y tampoco un miembro cercano de su familia, y aunque mi instinto me dice que él y esa muñeca desconocida han representado un huracán sexual a través de las habitaciones de esa casa durante los últimos noventa minutos, eso no significa nada para la señora Ohmsmeyer, mi dienta, hasta que yo no sea capaz de plasmar la juerga en un negativo; de modo que estaría encantado si se limitasen a encender las jodidas luces.

Una luz ilumina de pronto la sala de estar, y las siluetas se recortan detrás de las cortinas. Busco a tientas la manija de la puerta, y doy un ligero empujón. Ya estoy fuera del coche y me tambaleo en dirección a la casa; el disfraz humano de mis piernas me traiciona a cada paso. Es curioso que el suelo forme esos nudos. Me detengo, recupero el equilibrio, vuelvo a perderlo. Un árbol cercano detiene mi caída.

No me preocupa que alguien pueda verme u oírme, pero desmayarse en el jardín de una casa en un estado de estupor causado por el exceso de albahaca puede acarrear complicaciones cuando amanezca. Haciendo un esfuerzo, con los músculos flexionados y las piernas ligeramente dobladas, atravieso el jardín, salvo un pequeño seto y me doy de bruces contra la tierra. El barro salpica mis pantalones; ahí se quedará. No tengo dinero para una limpieza en seco.



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