
Ni que alguien jodiera su programa de entrenamiento. Normalmente él y Z escogían a las aprendices entre las integrantes que hacía mucho tiempo que estaban en el club, sumisas que querían sumergirse más profundamente dentro del estilo de vida, así como también conocer a Doms sin compromisos. Las novatas no eran escogidas.
Z no se había mostrado complacido. Un eufemismo. Él había estado jodidamente cabreado.
Eso dejaba a Cullen con el culo al aire ahora. Así que esta amiga de Antonio era mejor que fuera la mejor aprendiz que él haya visto alguna vez -y se adapte bien dentro de Shadowlands- o sería mejor que se echara atrás rápidamente. Sé lo que yo escogería. De hecho, él simplemente podría ayudarla un poco. Con un pequeño trabajo de su parte, ella podría decidir que el club no era para ella.
La mujer entró en el salón principal del club y se detuvo, probablemente para permitirles a sus ojos acostumbrarse a la tenue luz, similar a la de las velas, emitida por los apliques de hierro. Luego de un segundo, caminó hacia adelante. Alta y musculosa. Le recordó a una sub masoquista con la que se había enfiestado; el recuerdo no era uno agradable. Apoyó un brazo sobre la superficie de la barra y la observó acercarse. Ceñidos pantalones de látex… que quedaban muy hermosos sobre esas largas piernas. Cabello castaño claro que se encrespaba furiosamente encima de su cabeza en un estilo no-te-metas-conmigo. Maquillaje sutil. Sólo un pequeño crucifijo como único accesorio. Las botas de tacones de aguja altas hasta las pantorrillas gritaban “Domme”, al igual que la chaqueta de motorista de mangas largas. Postura arrogante, barbilla levantada.
