– Oh, no te des por vencida todavía. -Antonio encendió un cigarrillo y miró el extremo encendido durante un segundo-. En esa lista de clubes que hiciste, eliminaste a uno. El club privado que está en las afueras de la ciudad.

– Shadowlands, ¿dónde la cuota de socio requeriría el sueldo de un año entero y a mi niño primogénito? No puedo hacer eso. -La momentánea esperanza murió.

– Quizás yo pueda.

– Tierra a Antonio… Poseo un negocio de limpieza, no una compañía que figure en Fortune 500 [2].

– No estoy senil. -Él inhaló de su cigarrillo antes de explicar-. Un amigo de allí me debe un favor.

– ¿De verdad? -Un club privado. Gente más experimentada, más protección. Miró a Antonio atentamente.

Él le devolvió la mirada, levantando las cejas.

Dios, ella odiaba necesitar que otros tuvieran que ayudarla, incluso Antonio.

– ¿Él pasaría por alto una cuota de socio?

Antonio tiró el cigarrillo sobre el terreno y lo pisó.

– No exactamente. El tipo está a cargo de los aprendices, y ellos no pagan cuotas. Intentaré hacer que te tome como una. -La miró con el ceño fruncido-. Pero ser una aprendiz podría ser un infierno más intenso que lo que quieres. -Eso significaba que ella realmente estaría bajo órdenes y no tendría capacidad para escoger y elegir.

Se le secó la boca, pero su barbilla se levantó.

– Hazlo.

CAPÍTULO 02

En medio de la barra, Cullen levantó la vista ante el sonido de la puerta principal del club abriéndose. Justo a tiempo. Dos puntos para ella, pensó de mala gana.

La irritación quemó en sus intestinos cuando Antonio llamó para cobrarse su favor de esta manera. Es cierto, el reportero le había provisto suficiente información para acorralar el pirómano que Cullen había estado investigando, y había puesto al bastardo tras las rejas, pero no le gustaba que su trabajo como Investigador de Incendios Provocados tocara a Shadowlands.



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