Sintió una punzada de compasión, así que ahora una parte de él quería sacar su culo a patadas por la puerta, y la otra parte quería abrazarla y reconfortarla. Maldita sea. Pero ninguna de las dos conseguiría lo que quería.

Con un suspiro, le soltó el pelo y dio un paso atrás.

– Dame tus papeles. -Cuando extendió los papeles, sus ligeramente bronceadas mejillas se ruborizaron ante la forma en que los había arrugado.

Él los alisó y comenzó con la ficha médica… libre de enfermedades, saludable, control de natalidad. Ningún problema allí. Dio vuelta a la siguiente página. Había completado y firmado el formulario básico de las reglas para los miembros de Shadowlands. También las reglas para los aprendices. El año pasado, una novata había firmado los papeles sin leer, cuando había quebrantado una regla, el castigo resultante la había conmocionado ridículamente.

– ¿Los leíste?

Asintió con la cabeza.

– En este club, una sumisa responde con, “Sí, Señor o Señora”.

– Sí, Señor.

Mejor. Asintió con la cabeza en aprobación. A pesar de que ella no exhibiera ninguna avidez para complacer como una sub estándar, las diminutas líneas al lado de sus ojos se atenuaron ligeramente. Su buena opinión le importaba, aunque se rehusara a demostrarlo. ¿Y por qué no?

La estudió durante un momento. Postura rígida, barbilla levantada, manos apretadas juntas. Pero la había sentido derretirse bajo su toque. ¿No era ella un intrigante acertijo? A pesar de sentirse molesto, no podía dejar de pensar que sería justo el tipo de desafío que a él le gustaría.

Cuando le extendió la lista con los puntos del acuerdo, ella se puso rígida, y sus mejillas se sonrojaron con evidente vergüenza. La diversión hormigueó a través de él, levantándole el ánimo. Podría disfrutar de hacer que superara esa timidez. Tal vez asignándole un Dom diferente para cada punto donde hubiera indicado interés: sexo oral, azotes, cepo, consoladores…



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