Maureen Child


Apuesta Segura

Uno

– Te parezco encantador -dijo Jefferson King, con una sonrisa de satisfacción-. Estoy seguro.

– Encantador, ¿eh? -Maura Donohue se estiró todo lo que pudo, aunque no era demasiado-, ¿De verdad crees que es tan fácil convencerme?

– ¿Fácil? -repitió él, riendo-. Nos conocemos desde hace una semana y puedo decir con toda seguridad que contigo nada es fácil.

– Ah, mira, al menos eres agradable.

Le había gustado que dijera eso, Jefferson se dio cuenta. Ninguna otra mujer hubiera visto como un elogio que un hombre la encontrase difícil, pero Maura Donohue era una entre un millón.

Lo había sabido en cuanto la conoció. En Irlanda, mientras buscaba localizaciones para una película de los estudios King, Jefferson se había encontrado con la granja de Maura en County Mayo y había decidido de inmediato que era justo lo que buscaba. Por supuesto, convencer a Maura para que se la alquilase era algo completamente diferente.

– ¿Sabes una cosa? -empezó a decir, apoyando un hombro en la pared blanca del establo-. La mayoría de la gente se pondría a dar saltos de alegría ante la oportunidad de ganar un dinero fácil.

Ella echó su larga melena oscura hacia atrás, mirándolo con sus ojazos azules.

– Otra vez usando la palabra «fácil» cuando ya has admitido que yo no le pongo las cosas fáciles a nadie.

Jefferson suspiró, sacudiendo la cabeza. Aquella mujer tenía una respuesta para todo, pero la verdad era que lo intrigaba y lo estaba pasando bien con ella. Como jefe de los estudios cinematográficos King, Jefferson estaba acostumbrado a que todo el mundo lo obedeciera sin rechistar y cuando llegó a pueblo de Craic, dispuesto a pagar un dineral por usar las granjas y las tiendas en su película, todos estuvieron dispuestos a firmar lo que hiciera falta. Al contrario que Maura.



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