en cartulina, como en las bodas, una comilona de langostinos con mayonesa, ternera en su jugo y melocotón en almíbar, culminada con café, puro cimarrón y copa de coñac apócrifo, y entre el vino y el coñac, el ruido de las voces, la hartazón de la comida después de tantas hambres, y sobre todo la seguridad de que nos íbamos a marchar de permiso para toda una semana, nos entraba un mareo excitado, un atontamiento de camaradería y conformidad, y casi todos nosotros nos gastábamos bromas y decíamos barbaridades empleando ya el lenguaje cuartelario con una fluidez de idioma recién aprendido.

Nos íbamos de permiso en cuanto acabara la comida. Los autocares se alineaban en las explanadas de instrucción y algunos de nosotros nos hacíamos fotos colectivas sosteniendo el puro entre los dientes, pasando el brazo por los hombros de otros soldados a los que probablemente no veríamos más. Durante horas eternas viajaríamos hacia el sur en aquellos autocares procurando no pensar que no nos habíamos librado del ejército, que los seis días del permiso se nos pasarían sin notarlos, que cuando viajáramos de regreso al cuartel donde nos habían destinado empezaríamos de verdad la mili.

Pero ya hace mucho que no sueño casi nunca con que vuelvo al cuartel. Será que el ritmo de nuestra inconsciencia es mucho más lento que el de nuestra razón, y que las cosas, en ella, tardan mucho más en llegar a existir y luego a olvidarse, igual que el agua del océano es mucho más lenta que la tierra en el progreso del calor del verano o del enfriamiento invernal. Igual que sueña uno que vuelve al ejército sueña con una mujer de la que no se acordaba desde hacía años, y al despertar se da cuenta de que el sueño es la prehistoria íntima de cada uno, y que sus imágenes tienen por eso la delicada exactitud y la antigüedad prodigiosa de una criatura o de una planta fósil. Quién sabe adónde viajará uno cuando cierre los ojos, a qué centro de la tierra, en qué submarino ha de navegar las oscuridades de la propia alma, y escribo deliberadamente alma porque me suena mejor que subconsciente y porque ya va uno cansándose de psicoanalismos.



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