
– Suena como si la culpa de que mi padre se desentendiera de mí fuera mía -contestó-. Tenía cuatro años. No tenía voz ni voto. Y, por si lo has olvidado, la ley de Bahania prohíbe que los miembros de la familia real crezcan en el extranjero. Si me fui con mi madre fue porque mi padre no quiso impedirlo.
No pudo limar el resentimiento de su tono de voz. Toda la vida había crecido sabiendo que su padre no la había querido lo suficiente para conservarla. Estaba segura de que si hubiese sido un hombre, se habría negado a perderlo. Pero no era más que una hija. Su única hija, aunque eso no parecía relevante.
Era frustrante, injusto. Estaba cansada de que la acusaran por algo de lo que en realidad era víctima. Pero algún día lo superaría. Quizá el día en que dejara de importarle lo que los demás pensaran de ella. Quizá entonces conseguiría madurar y no molestarse por las personas que la juzgaban antes de conocerla. Por desgracia, ese día todavía no había llegado y le dolía el mal concepto que Kardal tenía de ella.
– Piensa lo que quieras -prosiguió Sabrina-. Puedes tener tu opinión y tus teorías, pero solo yo sé la verdad.
– Hasta ahí reconozco que es verdad -contestó en un tono enigmático que la hizo preguntarse en qué estaría pensando. Y, ahora, relájate. Todavía queda mucho. Intenta descansar. Anoche apenas dormiste.
Estuvo a punto de preguntar cómo lo sabía pero recordó que habían estado atados. Aunque se había dormido enseguida, se había despertado una y otra vez y no había dejado de dar vueltas. Era evidente que también lo había mantenido a él despierto. Después de haberla secuestrado, maniatado y vendado, lo cierto era que no lo lamentaba.
Respiró profundo e intentó relajarse. Cuando la tensión de su cuerpo empezó a disiparse, dejó vagar la mente. ¿Cómo sería tener las riendas de la propia vida, igual que Kardal? Él era un hombre del desierto, no rendía cuentas a nadie, mientras que ella siempre había tenido que someterse a la voluntad de sus padres. Siempre la estaban llevando de un lado a otro, como si ninguno de los dos la quisiera tener al lado en realidad.
