
– A lo mejor el bolso está tirado por algún sitio, a lo mejor incluso por aquí -Michael hizo con el dedo un círculo en la oscuridad-. Tendremos que buscar por los alrededores. También en el piso de abajo y en el patio, porque seguro que vivía en algún sitio.
– ¿Qué quiere decir -preguntó Alón- seguro que vivía en algún sitio?
– ¿Qué quiere decir? -Balilty tensó sus gruesos labios-. Llaves. El jefe está hablando de llaves. ¿Quién sale de casa sin llaves? Del coche, de casa, del trabajo, yo qué sé, no hay nadie que no tenga llaves. ¿Había llaves en el bolsillo del abrigo?
– No -reconoció Alón-, pero a lo mejor las tiene el que estaba con ella, a lo mejor viven juntos.
– Dime una cosa -dijo Balilty con evidente desesperación-, ¿cuánto tiempo llevas trabajando con nosotros?
– Un mes, ¿por qué? -la laringe de Alón vibró en su largo y delgado cuello.
– ¿Y aún no se te ha abierto un poco la mente?
Alón no contestó y Michael miró a Balilty.
– Ya está bien, Danny, ya está bien, ¿no? -le dijo Michael, pero Balilty siguió mirando al de criminalística, que cambiaba el peso de su delgado cuerpo de una pierna a otra, y estaba claro que no tenía ninguna intención de dejarlo en paz.
