
– ¿Se puede preguntar? -dijo un periodista a quien Kurt Wallander reconocía como el corresponsal local del periódico Arbetet.
– Estoy aquí para eso -contestó Kurt Wallander.
– Desde mi punto de vista, es una nota francamente mala -dijo el periodista-. Deberíais explicar algo más.
– No tenemos ninguna pista sobre los autores -informó Kurt Wallander.
– ¿O sea que había más de uno?
– Probablemente.
– ¿Por qué creéis eso?
– Lo creemos, pero no lo sabemos.
El periodista hizo una mueca y Kurt Wallander le dio la palabra a otro periodista que conocía.
– ¿Cómo lo mataron?
– Violencia externa.
– ¡Eso puede significar un montón de cosas diferentes!
– No lo sabemos todavía. Los forenses no han acabado su trabajo. Tardarán unos días.
El periodista tenía más preguntas, pero fue interrumpido por la chica del acné y la grabadora. Kurt Wallander pudo leer en la parte superior del aparato que era de la radio local.
– ¿Qué se llevaron los asaltantes?
– No lo sabemos todavía -respondió Kurt Wallander-. No sabemos siquiera si es un robo.
– ¿Qué sería si no?
– No lo sabemos.
– ¿Hay algo que indique que no sea un robo?
– No.
Wallander notaba que sudaba ante una sala desbordada de periodistas. Recordaba que cuando era un policía joven soñaba con encargarse de las ruedas de prensa. Pero en sus sueños no estaban llenas de aire viciado y sudor.
– Le he hecho una pregunta -oyó decir a uno de los periodistas que estaba al final de la sala.
– No le he entendido -dijo Kurt Wallander.
– Para la policía, ¿se trata de un crimen importante? -preguntó el periodista.
A Wallander le sorprendió la pregunta.
– Claro que es muy importante resolver este asesinato -dijo-. ¿Por qué no iba a serlo?
– ¿Pediréis refuerzos?
– Es demasiado pronto para contestar a eso. Por supuesto que esperamos una pronta solución. Creo que todavía no entiendo tu pregunta.
