– ¡Wallander!

– No te habré despertado, ¿verdad?

– No, hombre, no. Estoy despierto.

«¿Por qué miento?», pensó. «¿Por qué no le digo la verdad? Que lo que más me gustaría es volver a dormir y atrapar un sueño perdido en forma de mujer desnuda?»

– Pensé que debía llamarte.

– ¿Accidente de coche?

– No exactamente. Un viejo granjero de nombre Nyström nos ha llamado desde Lenarp. Dice que su vecina está atada en el suelo y que alguien ha muerto.

Rápidamente intentó recordar dónde se encontraba Lenarp. No tan lejos de Marsvinsholm, en una zona muy accidentada para ser Escania.

– Parecía algo grave. Pensé que era mejor llamarte a ti directamente.

– ¿A quiénes tienes en la comisaría ahora mismo?

– Peters y Norén están buscando a alguien que rompió un escaparate en el Continental. ¿Les aviso?

– Diles que vayan al cruce que hay entre Kadesjö y Katslösa y esperen hasta que yo llegue. Dales la dirección. ¿A qué hora te avisaron?

– Hace unos minutos.

– ¿Seguro que no era un borracho el que llamó?

– No lo parecía.

– Ah no. Pues bueno.

Se vistió deprisa, sin ducharse, se sirvió una taza de café tibio que le quedaba en el termo y miró por la ventana. Vivía en la calle Mariagatan, en el centro de Ystad, y la fachada adonde daba su ventana estaba agrietada y gris. Se preguntó si nevaría aquel invierno en Escania. Esperaba que no. Con las tormentas de nieve en esa región siempre llegaban periodos de trabajo incesante. Accidentes de coche, parturientas bloqueadas por la nieve, viejos que se quedaban aislados y cables eléctricos caídos. Con las tormentas de nieve llegaba el caos, y le pareció que aquel invierno él estaba mal preparado para afrontarlo. El desconsuelo de haber sido abandonado por su mujer aún le escocía.

Condujo. por la calle Regementsgatan hasta llegar a la autovía de Österleden. En la calle Dragongatan el semáforo estaba en rojo. Puso la radio para escuchar las noticias. Una voz excitada contaba que un avión había caído en un continente lejano.



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